Un médico enjuto, al que le conocían un solo traje y un repetido par de zapatos, tuvo la visión de una medicina de salud pública altamente especializada en el diagnóstico y tratamiento del cáncer para el Paraguay. Volcó en ello su fortuna familiar y el trabajo de toda una vida. Fue el Doctor Andrés Barbero, creador del Instituto Nacional del Cáncer, cuya memoria honramos en este Día del Médico.
Culminada su primera gran obra: el hospital de la Cruz Roja
Paraguaya, el Doctor Andrés Barbero destinó una habitación para atender a unos
pocos pacientes con cáncer. Con el Dr. Alberto Schenoni como jefe de sala,
nació así el primer servicio público de cancerología del Paraguay, según cuenta
el escritor Carlos Alberto Soler en el libro “Barbero - Su vida y su
obra”.
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| Fotografía de Barbero |
En esa pequeña sala de cancerología adjunta a un hospital
materno-infantil, Barbero vio crecer exponencialmente la demanda de diagnóstico
y tratamiento del Cáncer una enfermedad hasta entonces desatendida. Unicamente la Facultad de Medicina de la
Universidad Nacional de Asunción se ocupaba en esos días de tratar a las
personas afectadas por esta patología.
A Barbero pronto la sala le pareció insuficiente e
inadecuada. Invirtió así su dinero y un terreno familiar para construir el
primer hospital público de cancerología a pocas casas del Parque
Caballero. Encontró apoyo en un grupo de
mujeres organizadas en la Liga Paraguaya contra el Cáncer y, uniendo fuerzas
con ellas, logró que el hospital en ciernes se convierta en una Dirección de
Lucha contra el Cáncer, reconocida como parte del entonces Ministerio de Salud
Pública y Previsión Social por Decreto
presidencial Nº 19.293 del 6 de agosto de 1943. Lo registra el libro “Vida, personalidad
y obras del Dr. Andrés Barbero” del escritor Angel Sosa.
Perfil de un héroe
“Barbero para mi es el único
héroe civil,” expresa la Dra. Adelina Pussineri, Directora del Museo y
de la Biblioteca Andrés Barbero, que hoy es un centro de información en
antropología, etnología, arqueología e historia del Paraguay; otras de las
pasiones a cuyo desarrollo científico el médico también volcó su esfuerzo y
patrimonio.
“En la Guerra del
Chaco Barbero fue el encargado de todas las delegaciones extranjeras y organizó
la atención médica de los heridos. Invirtió gran parte de su patrimonio
personal para esa guerra; siendo un civil, un médico preocupado por la salud
pública y por la administración pública”, agrega Pussineri. “Llegó a ser
Ministro de Hacienda e Intendente de la Ciudad de Asunción”.
“Como hombre público, Barbero no tiene comparación en
Paraguay; no conozco alguien que haya hecho lo mismo: usar su legado personal
para servir a todos. Su primera preocupación fue la salud pública y, luego, la
cultura. Él mismo se dedicó a la investigación. Publicaba sus investigaciones
-tan humilde era- con un seudónimo, “Robebar”, que era su apellido, dado
vuelta. Esa humildad está plasmada en una
estatua que erigió la fundación “La Piedad” en la intersección entre la
calle Dr. Andrés Barbero y Artigas. Tal vez el escultor quiso representar esa
humildad: una mano enorme de hombre trabajador y un cuerpo muy pequeño” indica
Adelina Pussineri.
Todo lo que tenía
“La gente que conoció a Barbero comentaba que él era tan
austero que tenía solo un traje y un par de zapatos. Tal vez no era cierto, pero era cómo lo veía
la gente. Porque el daba todo lo que tenía” cuenta Pussineri.
“La educación fue una de las obras más grandes de Barbero.
Creó las carreras de enfermería, asistencia social y de sanitaristas rurales,
que hoy ya no existe. Impulsó la
primera generación de enfermeros y obstetras con formación académica y para su
intrucción contrató a enfermeras Quaqueras norteamericanas” subraya.
El cáncer en su obra
“El Cáncer fue la
preocupación de Barbero como muchas otras áreas de la salud pública en
Paraguay: la salud materno-infantil y la atención a enfermedades endémicas como
la Leismaniasis, y la Parasitosis” comenta.
Cartas escritas en puño y letra por Barbero a hospitales e
institutos del tratamiento e investigación del Cáncer en Estados Unidos y
Europa dan cuenta de la preocupación del médico por alcanzar los más altos
estándares de medicina oncológica, explica Pussineri. “Se preocupó también en
conseguir equipamientos de tecnología de
punta para el diagnóstico y tratamiento del cáncer en el país”, afirma.
Un director Ad-Honorem
En 1944 el Presidente Higinio Morínigo firmó el Decreto Nº
1980 de 10 de enero que “nombra al Dr. Andrés Barbero Director de la Lucha
contra el Cáncer en carácter ad honorem” considerando que “ Barbero fue el
propiciador de esta dirección” y que “ha iniciado construcciones costeadas de
su pecunio propio que serán exclusivamente destinadas al tratamiento y
profilaxis del Cáncer” refiere el
documento. Era entonces Ministro de “Salud Pública y Previsión Social” el Dr.
Gerardo Buongermini.
Barbero visualizó una dirección dedicada al diagnóstico
especializado, a la atención del enfermo
de cáncer, a la provisión de servicios quirúrgicos, a la investigación
científica y a la difusión del conocimiento sobre la enfermedad en la
población, para que, ante los primeros síntomas, las personas puedan buscar
atención médica, refiere el libro de Soler.
El hospital inicial de cancerología creado por Barbero ya
contaba con servicios de radium-terapia, roentgenterapia y
electrocoagulaciónasí así como con laboratorio de histo-patología y analisis
bioquímicos. Igualmente ofrecía hospedaje a pacientes llegados del interior del
país, detalla el mismo libro.
Para su muerte en 1951 el Doctor Barbero tenía en marcha un
Instituto Nacional del Cáncer en el cual daría sus primeros pasos el médico que
años más tarde asumiría y amplificaría su obra: el Dr. Manuel Riveros.
Un calle con su nombre
Inconclusa la edificación total del hospital, sus hermanas
Josefa Barbero de Repetto y María Barbero Viuda
de Viola tomaron la posta de su
obra y para garantizar su continuidad constituyeron la Fundación “La Piedad” que hasta la fecha
brinda un apoyo sostenido a la clínica de salud de la mujer “María y Josefa Barbero” del Instituto
Nacional del Cáncer. Localizada junto al Parque Caballo, sobre la calle
incansablemente caminada por Don Andrés, esta clínica sigue trabajando por el diagnóstico y la
detección del Cáncer de Mamas, el cáncer de cuello uterino y otras patologías
oncológicas de la mujer.
de Viola tomaron la posta de su
obra y para garantizar su continuidad constituyeron la Fundación “La Piedad” que hasta la fecha
brinda un apoyo sostenido a la clínica de salud de la mujer “María y Josefa Barbero” del Instituto
Nacional del Cáncer. Localizada junto al Parque Caballo, sobre la calle
incansablemente caminada por Don Andrés, esta clínica sigue trabajando por el diagnóstico y la
detección del Cáncer de Mamas, el cáncer de cuello uterino y otras patologías
oncológicas de la mujer.
Pusineri concluye: “Los héroes civiles son los menos
recordados. Se le puso el nombre del Dr. Barbero a una calle cortita, que va
desde Artigas hasta el Parque Caballero, tal vez porque era la él transitaba todos los días para construir
su gran obra. Es solo una cuadra, pero es muy importante porque ese fue el
lugar de su trabajo, de su vida”.


