jueves, 3 de diciembre de 2015

ANDRES BARBERO: El HÉROE CIVIL QUE CREÓ NUESTRO INSTITUTO DEL CÁNCER


Un médico enjuto, al que le conocían un solo traje y un repetido par de zapatos, tuvo la visión de una medicina de salud pública altamente especializada en el diagnóstico y tratamiento del cáncer para el Paraguay. Volcó en ello su fortuna familiar y el trabajo de toda una vida.  Fue el Doctor Andrés Barbero, creador del Instituto Nacional del Cáncer, cuya memoria honramos en este Día del Médico.

 

Culminada su primera gran obra: el hospital de la Cruz Roja Paraguaya, el Doctor Andrés Barbero destinó una habitación para atender a unos pocos pacientes con cáncer. Con el Dr. Alberto Schenoni como jefe de sala, nació así el primer servicio público de cancerología del Paraguay, según cuenta el escritor Carlos Alberto Soler en el libro “Barbero - Su vida y su obra”. 
Fotografía de  Barbero

En esa pequeña sala de cancerología adjunta a un hospital materno-infantil, Barbero vio crecer exponencialmente la demanda de diagnóstico y tratamiento del Cáncer una enfermedad hasta entonces desatendida.  Unicamente la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción se ocupaba en esos días de tratar a las personas afectadas por esta patología.

A Barbero pronto la sala le pareció insuficiente e inadecuada. Invirtió así su dinero y un terreno familiar para construir el primer hospital público de cancerología a pocas casas del Parque Caballero.  Encontró apoyo en un grupo de mujeres organizadas en la Liga Paraguaya contra el Cáncer y, uniendo fuerzas con ellas, logró que el hospital en ciernes se convierta en una Dirección de Lucha contra el Cáncer, reconocida como parte del entonces Ministerio de Salud Pública y Previsión Social por  Decreto presidencial Nº 19.293 del 6 de agosto de 1943. Lo registra el libro “Vida, personalidad y obras del Dr. Andrés Barbero” del escritor Angel Sosa.

Perfil de un héroe

Barbero para mi es el único héroe civil,” expresa la Dra. Adelina Pussineri, Directora del Museo y de la Biblioteca Andrés Barbero, que hoy es un centro de información en antropología, etnología, arqueología e historia del Paraguay; otras de las pasiones a cuyo desarrollo científico el médico también volcó su esfuerzo y patrimonio.

  “En la Guerra del Chaco Barbero fue el encargado de todas las delegaciones extranjeras y organizó la atención médica de los heridos. Invirtió gran parte de su patrimonio personal para esa guerra; siendo un civil, un médico preocupado por la salud pública y por la administración pública”, agrega Pussineri. “Llegó a ser Ministro de Hacienda e Intendente de la Ciudad de Asunción”.

“Como hombre público, Barbero no tiene comparación en Paraguay; no conozco alguien que haya hecho lo mismo: usar su legado personal para servir a todos. Su primera preocupación fue la salud pública y, luego, la cultura. Él mismo se dedicó a la investigación. Publicaba sus investigaciones -tan humilde era- con un seudónimo, “Robebar”, que era su apellido, dado vuelta. Esa humildad está plasmada en una  estatua que erigió la fundación “La Piedad” en la intersección entre la calle Dr. Andrés Barbero y Artigas. Tal vez el escultor quiso representar esa humildad: una mano enorme de hombre trabajador y un cuerpo muy pequeño” indica Adelina Pussineri.

Todo lo que tenía

“La gente que conoció a Barbero comentaba que él era tan austero que tenía solo un traje y un par de zapatos.  Tal vez no era cierto, pero era cómo lo veía la gente. Porque el daba todo lo que tenía” cuenta Pussineri.

“La educación fue una de las obras más grandes de Barbero. Creó las carreras de enfermería, asistencia social y de sanitaristas rurales, que hoy ya no existe.   Impulsó la primera generación de enfermeros y obstetras con formación académica y para su intrucción contrató a enfermeras Quaqueras norteamericanas” subraya.  

El cáncer en su obra

  “El Cáncer fue la preocupación de Barbero como muchas otras áreas de la salud pública en Paraguay: la salud materno-infantil y la atención a enfermedades endémicas como la Leismaniasis, y la Parasitosis” comenta.

Cartas escritas en puño y letra por Barbero a hospitales e institutos del tratamiento e investigación del Cáncer en Estados Unidos y Europa dan cuenta de la preocupación del médico por alcanzar los más altos estándares de medicina oncológica, explica Pussineri. “Se preocupó también en conseguir  equipamientos de tecnología de punta para el diagnóstico y tratamiento del cáncer en el país”, afirma.

Un director Ad-Honorem

En 1944 el Presidente Higinio Morínigo firmó el Decreto Nº 1980 de 10 de enero que “nombra al Dr. Andrés Barbero Director de la Lucha contra el Cáncer en carácter ad honorem” considerando que “ Barbero fue el propiciador de esta dirección” y que “ha iniciado construcciones costeadas de su pecunio propio que serán exclusivamente destinadas al tratamiento y profilaxis del  Cáncer” refiere el documento. Era entonces Ministro de “Salud Pública y Previsión Social” el Dr. Gerardo Buongermini.

Barbero visualizó una dirección dedicada al diagnóstico especializado,  a la atención del enfermo de cáncer, a la provisión de servicios quirúrgicos, a la investigación científica y a la difusión del conocimiento sobre la enfermedad en la población, para que, ante los primeros síntomas, las personas puedan buscar atención médica, refiere el libro de Soler.

El hospital inicial de cancerología creado por Barbero ya contaba con servicios de radium-terapia, roentgenterapia y electrocoagulaciónasí así como con laboratorio de histo-patología y analisis bioquímicos. Igualmente ofrecía hospedaje a pacientes llegados del interior del país, detalla el mismo libro.

Para su muerte en 1951 el Doctor Barbero tenía en marcha un Instituto Nacional del Cáncer en el cual daría sus primeros pasos el médico que años más tarde asumiría y amplificaría su obra: el Dr. Manuel Riveros.

Un calle con su nombre

Inconclusa la edificación total del hospital, sus hermanas Josefa Barbero de Repetto y María Barbero Viuda de Viola tomaron la posta de su obra y para garantizar su continuidad constituyeron la  Fundación “La Piedad” que hasta la fecha brinda un apoyo sostenido a la clínica de salud de la mujer “María y Josefa Barbero” del Instituto Nacional del Cáncer. Localizada junto al Parque Caballo, sobre la calle incansablemente caminada por Don Andrés, esta clínica sigue trabajando por el diagnóstico y la detección del Cáncer de Mamas, el cáncer de cuello uterino y otras patologías oncológicas de la mujer.
Pusineri concluye: “Los héroes civiles son los menos recordados. Se le puso el nombre del Dr. Barbero a una calle cortita, que va desde Artigas hasta el Parque Caballero, tal vez porque era la  él transitaba todos los días para construir su gran obra. Es solo una cuadra, pero es muy importante porque ese fue el lugar de su trabajo, de su vida”.